Verano

Verano. La época estival es, por excelencia, la preferida por todos para tomarnos un respiro, o por casi todos. En mi caso hace tres veranos que aparco mis quehaceres como estudiante para colaborar en la confección de uno de los festivales veraniegos de referencia en Gran Canaria – que conste que no lo digo yo – el Bio@gaete Cultural Solidario.

Los meses de Junio y Julio son un no parar de contactos con grupos participantes, empresas que colaboran en el transporte de éstos. Correo por aquí, llamada por allá y calor, mucho calor frente al ordenador. Todo ello para que el último fin de semana o penúltimo, según el año, el Festival esté perfectamente pergeñado.

Y llegan los días grandes. Recepción de grupos, música, pasacalles, comida, fans de artistas…y llega el fin del festival. Todo acaba, aunque aún hay que hacer balance de como ha ido y también una reflexión; este año, también abierto por vacaciones.

Desde ésta líneas mi reconocimiento a bomberos, policías, médicos, camareros, empleados de grúas, trabajadores de gasolineras… y a todos aquellos que éste verano trabajarán mientras otros descansan.

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Constitución de 1812

La Constitución española de 1812, conocida popularmente como la Pepa, fue promulgada por las Cortes Generales de España, reunidas extraordinariamente en Cádiz, el 19 de marzo de 1812. Se le ha otorgado una gran importancia histórica por tratarse de la primera constitución promulgada en España, además de ser una de las más liberales de su tiempo. Respecto al origen de su sobrenombre, la Pepa, no está muy claro aún, pero parece que fue un recurso indirecto tras su derogación para referirse a ella, debido a que fue promulgada el día de San José.
Oficialmente estuvo en vigor sólo dos años, desde su promulgación hasta su derogación en Valencia, el 4 de mayo de 1814, tras el regreso a España de Fernando VII. Posteriormente se volvió a aplicar durante el Trienio Liberal (1820-1823), así como durante un breve período en 1836-1837, bajo el gobierno progresista que preparaba la Constitución de 1837. Sin embargo, apenas si entró en vigor de facto, puesto que en su período de gestación buena parte de España se encontraba en manos del gobierno pro-francés de José I de España, otra en mano de juntas interinas más preocupadas en organizar su oposición a José I y el resto de los territorios de la corona española (los virreinatos) se hallaban en un estado de confusión y vacío de poder causado por la invasión napoleónica.
La constitución establecía la soberanía en la Nación (ya no en el rey), la monarquía constitucional, la separación de poderes, la limitación de los del rey, el sufragio universal masculino indirecto, la libertad de imprenta, la libertad de industria, el derecho de propiedad o la fundamental abolición de los señoríos, entre otras cuestiones, por lo que “no incorporó una tabla de derechos y libertades, pero sí recogió algunos derechos dispersos en su articulado”.
Por contra, el texto consagraba a España como Estado confesional católico, prohibiendo expresamente en su art. 12 cualquier otra religión, y el rey lo seguía siendo “por la gracia de Dios y la Constitución”. Del mismo modo, este texto constitucional no contempló el reconocimiento de ningún derecho para las mujeres, ni siquiera el de ciudadanía (la palabra “mujer” misma aparece escrita una sola vez, en una cita accesoria dentro del art. 22), aunque con ello estaban en plena sintonía con la mayoría de la sociedad española y la Europa del momento.
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