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Y pasaron las elecciones

Hace unas semanas publicaba éste artículo  en donde trataba un tema que sin género de duda estaba en boca de todos. Las inminentes elecciones municipales y autonómicas que éste país iba a vivir se las prometían intensas e incluso, decisivas, para el sistema político que imperaba hasta el momento. Efectivamente fue así.

Nada más finalizar el plazo para ejercicio el sufragio activo las encuestas a pie de urna pronosticaban un inaudito cambio de paradigma en todas las instituciones cuyos representantes serían renovados. Algunos lo tildan de crisis de los partidos tradicionales, fundamentando tan catastrófica argumentación en la irrupción de nuevas formaciones políticas, las cuales es cierto que han sabido canalizar el descontento social hacia un aluvión de votos en su favor, haciendo así que obtengan representación institucional, y no en cualquier grado sino que ha sido en los más altos, apuntando en muchos casos a la dirección de éstos órganos. No obstante, y bajo mi punto de vista esto tiene una denominación clara, exacta y sencilla, democracia.

En ningún caso quiero insinuar que no la hubiese, por supuesto que la había, pero hay que matizar que ésta se mostraba a través de mayorías absolutas y otros elementos tan democráticos como injustos. Es por ello que en estas elecciones, es de considerar que se haya dado un paso más en el sistema democrático y representativo en el que se encuentra inmersa, afortunadamente, España. Un avance hacia una nueva y más amplia forma de representación ciudadana en las instituciones de gobierno. Pueden llamarle pactos, tripartitos, cuatripartitos o como deseen en función de los actores del mismo, pero no hay que centrarse en la apariencia sino en el fondo de la cuestión. Un fondo que nos remite a las llamadas políticas de consenso, es decir, políticas llevas a cabo con la aprobación de varios personajes y ese matiz, pequeño pero a su vez importante para el futuro, es el que destaca de éstos pasados comicios.

Nuestro sistema actual se basa en la representación, en la toma de decisiones por unos ciudadanos específicos, llamados representantes (por simple que parezca el detalle, hay que citarlo) basándose en el criterio y la voluntad de la ciudadanía, pero, ¿Cómo es posible que decidan por todos aquellos que han sido elegidos sólo por una parte de la población? Aquí es donde se muestra la magnificencia de éstas pasadas elecciones, las mismas han posibilitado en una cantidad razonable de municipios, cabildos, consejos baleares o parlamentos que todos estemos realmente representados, ello a través de gobiernos conjuntos entre diversas formaciones con ideas en algunos casos muy parecida o en otras algo distantes, pero, no obstante (y sin ánimo alguno de elaborar un pareado con distante y obstante) el detalle con el que debemos quedarnos es que a partir de ahora, y al menos durante los próximos cuatro años, la ciudadanía estaría algo más representada. No es menos cierto que aún es posible y además, necesario, alcanzar un mayor espectro de representación de la ciudadanía, sin que en un lugar determinado se ejerzan políticas progresistas y en otros, conservadoras.

Una vez superado el medio millar de palabras en ésta argumentación en pro, sin lugar a dudas, de la democracia debo concluir remitiendo al comentario que citaba en las primeras líneas y que elaboré hace unas semanas, es necesario el voto útil. Con ésta denominación pretendo referir aquél que nos lleva a depositar en las urnas una papeleta del partido cuyo ideario se adapta a nuestros pensamientos e ideas dejando al margen cuestiones como ese partido no va a salir u otras de índole similar, que, es posible afirmar que al menos en estas pasadas elecciones se han dejado al margen, y a la vista están los resultados.